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CARTA DE RENUNCIA DE PENAGOS
Lic. César Nava Vázquez.
Presidente Nacional del PAN.
Presente.

Hace quince años decidí participar activamente en política y dejar el ejercicio privado de mi profesión. Salí de la comodidad del crítico de sobremesa y tomé la decisión de participar, porque estaba harto de ser sólo testigo de la depredación de la cual eran objeto mi entrañable Córdoba, y Veracruz, a manos del gobierno Chirinista; tal como sigue haciendo el actual gobierno.

Me prometí que si algún día dejaba de sentir, de pensar y de actuar, como lo haría cualquier ciudadano no inmerso en la política, ese sería el último día en que participaría en ella.

Abracé la causa de Acción Nacional. Lo hice seguro de que era la mejor opción para hacer política sin renunciar a las convicciones de un buen ciudadano. Este partido sólo acogía a personas comprometidas en la búsqueda del Bien Común.

Hoy renuncio a esa militancia; pues, a pesar de seguir convencido de que mantiene plena validez la concepción que Manuel Gómez Morín tuvo acerca de lo que debía ser Acción Nacional como instrumento al servicio de la ciudadanía, hoy me parece evidente, como a muchos otros, que en estos últimos tiempos se ha producido un alejamiento entre la forma de pensamiento heredada por nuestros Fundadores y la manera de hacer política de nuestras dirigencias.

Tal vez la conquista del poder nos obnubiló. Se dejó de conceder importancia a las victorias culturales de Acción Nacional a las que se refería Castillo Peraza; aún cuando fue a partir de éstas que las grandes victorias electorales empezaron a producirse.

Actualmente, esa desesperada idea de que perder el poder significaría perderlo todo nos condujo por una espiral de absurdos que desdibujaron la esencia del PAN. Se propició con ello que la ciudadanía nos percibiera tan iguales a los adversarios, hasta que nos dejó de mirar con la confianza de antaño y nos colocó en el mismo cajón dentro del cual ya había situado a los políticos ordinarios.

Paradójicamente, entre mayores y más extremos han sido los intentos realizados por el PAN para no perder elecciones, peores han sido los resultados obtenidos. Lo lamentable de ello, es que pareciéramos no estar dispuestos a aceptar que los resultados adversos han venido de la mano de tales acciones, por ser señaladamente incongruentes con los objetivos primarios que durante décadas ofertó Acción Nacional.

Teníamos el compromiso de brindar mejores gobiernos, no simplemente otros gobiernos. Cuando nos dejó de importar este postulado la ciudadanía, a través del voto, comenzó a dirigirnos un mensaje para el que no hemos tenido disposición de escuchar. Por severo que ha sido el golpe, no nos permitimos despertar; sino que seguimos aferrados a repetir el error.

No será captando alquimistas de otros partidos, y despreciando a sus militantes, como Acción Nacional retornará a la senda de los triunfos. Así sólo logrará abonar a la sentencia popular del “Todos Son Iguales”.

Es tiempo de que en Acción Nacional los panistas se reencuentren; que se dejen atrás los agravios, en lugar de inflingir otros nuevos; que se aleje de la división que produce la arbitraria categorización entre leales y desleales, la cual sólo ha lastimado a muchos quienes ni siquiera lo merecían. En Acción Nacional se debe recuperar la capacidad de disentir, sin que por ello alguien pueda ser encasillado como bueno o malo. Es preciso dejar de confundir a la lealtad con la sumisión.

Duele partir, porque haber formado parte de las filas del Partido Acción Nacional, que hace años conocí, representa una de las mayores satisfacciones que siempre llevaré conmigo.

Me voy con la certeza de haber actuado siempre con la honradez que de otros exigí y lo hago en este momento, porque no quisiera pensar que mañana puedo encontrarme con que la designación del candidato a gobernador de Veracruz hubiera sido materia de algún acuerdo que condenara a los veracruzanos a padecer seis años más de nefasta fidelidad, a condición de evitar desencuentros causados por nuevas alianzas electorales.

Me mueve la necesidad de no guardar un silencio indolente frente a una desviación de objetivos con los que mis convicciones no me permiten estar de acuerdo. De no hacerlo así, sería incongruente en el actuar, en el sentir y el pensar. No me puedo traicionar a mi mismo.

Deseo de todo corazón que en Acción Nacional se presente la ocasión para la reflexión y el reencuentro con sus fundamentos, porque a México y a los mexicanos nos hace mucha falta contar con una institución política en la cual creer.

Desde la ciudadanía, desde donde esté, persistentemente buscaré el Bien Común.

Su amigo siempre.

Lic. Sergio Penagos García.
 
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